Convento de las Carmelitas Descalzas

Convento de las Carmelitas Descalzas

Edificación manierista, de patrón similar al convento masculino de los Carmelitas Descalzos, dedicada a Nuestra Señora de Araceli

En las décadas finales del s. XVII comenzó a construirse un conjunto conventual donde religiosas de la orden de los carmelitas custodian desde 1724 la talla de Nuestra Señora de Araceli, aparecida en 1674 bajo la ermita de Santa Lucía en el término de Araciel.

El edificio, obra de maestros locales y sufragada por el Ayuntamiento y el caballero carmelita logroñés Juan José Martínez de Boleaga, suma a sus dependencias conventuales -las cuales giran en torno a un patio abierto doble y cuyos planos responden a los dictámenes arquitectónicos de la orden- una iglesia de nave única con capillas laterales unidas entre sí, cabecera recta con coro a sus pies y crucero.

En su exterior la fachada principal, análoga a la del convento masculino de los carmelitas, la componen tres calles rectangulares de ladrillo y piedra rematadas por torrecillas y bolas. La calle central, de mayor tamaño, muestra un pórtico abierto en tres arcos, hornacina con la imagen de la Virgen de Araceli y tres ventanas enmarcadas y rematadas con frontones curvos que dan paso a un frontón triangular con óculo en su centro. Las dos laterales, enlazadas por medio de aletones curvos, contienen dos alturas con puertas y ventanas adinteladas con remates geométricos.

El rico y decorado interior lo recorre una cornisa de modillones y dentellones; y queda cubierto en su cuerpo central por bóveda de cañón con lunetos, por bóvedas de arista las capillas y cúpula de tambor con sendas ventanas el crucero.

Junto a ello, destaca el retablo mayor realizado entre 1724 y 1730 por fray Juan de los Santos; su estructura recoge, unido a las imágenes de San Elías y Santa Teresa, San Miguel, San Miguel y San Rafael y el lienzo de la Coronación de la Virgen, la talla de origen gótico de Nuestra Señora de Araceli. Así mismo, los retablos laterales los protagonizan esculturas dieciochescas de Santa Teresa y San Juan de la Cruz y lienzos con escenas marianas; y la capilla de San José la escultura barroca de tamaño real del santo que lleva su nombre.

Por último, a la mencionada riqueza se suma el variado conjunto artístico que custodia el convento, del cual destacan los bordados de plata sobre terciopelo obsequios de las reinas Bárbara de Braganza e Isabel II.

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